El Bientratar como patrimonio cultural canario: identidad, convivencia y futuro

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El Bientratar forma parte de quienes somos

Cuando hablamos de Bientratar solemos pensar en conceptos como respeto, empatía, cuidado, escucha o convivencia positiva. Sin embargo, en Canarias existe un elemento diferencial que merece ser reconocido: gran parte de estos valores no solo constituyen una propuesta educativa o una aspiración ética, sino que forman parte de una manera tradicional de relacionarnos que ha estado presente durante generaciones.

La cultura canaria se ha caracterizado históricamente por la cercanía, la hospitalidad, el sentido comunitario y la importancia de los vínculos humanos. Son rasgos que se expresan diariamente en pequeños gestos que muchas veces pasan desapercibidos precisamente porque forman parte de nuestra normalidad.

Para quien ha convivido desde su infancia con esta forma amable, cariñosa y cercana de relacionarse, no resulta especial ni llamativo que el bientratar canario tenga un valor especial. Sin embargo, cuando viaja, le puede sorprender la frialdad de algunas culturas o incluso lo bien que se le acoge precisamente por este buen trato que desprende. Para quien visita Canarias por primera vez o conoce a sus gentes, es sin duda una sorpresa la confianza y cercanía que desde el primer momento va a sentir en el trato.

No resulta extraño que una persona mayor se dirija a alguien desconocido llamándole «mi niño» o «mi niña»; tampoco que se salude con naturalidad a quien se cruza en el camino, que se ofrezca ayuda espontáneamente o que exista una preocupación genuina por el bienestar de las demás personas vengan de donde vengan. Estas expresiones cotidianas representan mucho más que fórmulas lingüísticas o costumbres sociales: son manifestaciones concretas de una cultura del cuidado y de la cercanía.

Desde esta perspectiva, el Bientratar no debe entenderse únicamente como una metodología educativa o una estrategia de convivencia, sino también como una expresión de la identidad cultural canaria.

Una herencia relacional que merece ser preservada

Las sociedades cambian constantemente. Los procesos de globalización, la digitalización de las relaciones humanas, los cambios en los modelos familiares y el incremento de los ritmos de vida pueden generar una progresiva pérdida de espacios para la cercanía y el encuentro interpersonal.

Por este motivo, reconocer el valor cultural del Bientratar implica asumir la responsabilidad de conservar aquello que históricamente ha contribuido a fortalecer la cohesión social de Canarias.

La educación desempeña un papel fundamental en este proceso. Los centros educativos no solo transmiten conocimientos académicos; también contribuyen a preservar los elementos culturales que ayudan a construir una sociedad más humana, solidaria y participativa.

Cuando una escuela promueve la escucha activa, la ayuda mutua, el respeto, la cooperación o la empatía, no está incorporando únicamente competencias socioemocionales. Está reforzando una forma de entender las relaciones humanas profundamente conectada con la tradición comunitaria canaria.

Canarias: un territorio abierto al mundo

La relevancia del Bientratar adquiere una dimensión aún mayor si consideramos la realidad social y económica del archipiélago.
Canarias es uno de los principales destinos turísticos del mundo. Millones de personas visitan las islas cada año atraídas por sus paisajes, su clima, su patrimonio natural y cultural, pero también por la calidad de la acogida que reciben.

La experiencia de quienes visitan Canarias no depende exclusivamente de los recursos naturales, sus playas, sus paisajes, sus espacios naturales protegidos o de las infraestructuras disponibles. Depende también de las relaciones humanas que establecen durante su estancia. La amabilidad, la cercanía, la disposición para ayudar y la capacidad de generar entornos acogedores constituyen valores que aportan bienestar tanto a quienes visitan las islas como a quienes viven en ellas.
Por ello, el Bientratar puede entenderse también como un activo social y estratégico para el futuro de Canarias. No se trata de convertir la cordialidad en un producto, sino de reconocer que una sociedad que cuida sus relaciones humanas genera mejores condiciones para la convivencia, la participación ciudadana, la cohesión social y el desarrollo sostenible.

Educar para preservar y fortalecer nuestra identidad

Las escuelas tienen la oportunidad de convertirse en espacios donde esta cultura de los buenos tratos se haga consciente, se fortalezca y se proyecte hacia el futuro.
Educar en Bientratar significa ayudar al alumnado a reconocer el valor de las relaciones humanas, desarrollar habilidades para el cuidado mutuo y comprender que la convivencia positiva constituye una responsabilidad compartida.

Supone también transmitir que la identidad cultural no se limita a las tradiciones, las fiestas o el patrimonio material. También se expresa en la manera en que las personas se relacionan entre sí, resuelven conflictos, cuidan a quienes les rodean y construyen comunidad.
En este sentido, promover el Bientratar en la escuela no consiste únicamente en prevenir la violencia o mejorar el clima escolar. Significa contribuir a la conservación de uno de los elementos más valiosos de la cultura canaria: su capacidad para generar vínculos humanos cercanos, respetuosos y solidarios.

Una apuesta de futuro

Las sociedades que mejor afrontan los desafíos del siglo XXI son aquellas capaces de combinar innovación y tradición, progreso y humanidad, desarrollo económico y bienestar colectivo.

Canarias dispone de una fortaleza singular: una cultura relacional basada en la cercanía, la acogida y el cuidado mutuo. Convertir estos valores en una prioridad educativa representa una inversión de futuro.

El Bientratar permite construir escuelas más seguras, comunidades más cohesionadas y una ciudadanía más comprometida con el bienestar común. Al mismo tiempo, contribuye a preservar una forma de relacionarnos que constituye una de las mayores riquezas sociales del archipiélago.

Educar en Bientratar no solo es una estrategia para mejorar la convivencia escolar. Es también una forma de proteger, actualizar y proyectar hacia las nuevas generaciones una de las señas de identidad más valiosas de Canarias.

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